Amitābha, la Tierra Pura y su eco en el budismo Soto Zen

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    • #12969 Responder
      Daizan Soriano
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      Amitābha es el Buda de la escuela de la Tierra Pura. Sin embargo, este Buda de la Luz Infinita y la práctica de invocar su nombre no solo pertenecen a esa tradición, sino que han tenido una gran influencia en todo el budismo de Asia oriental, incluido el Soto Zen.

      Amitābha —cuyo nombre puede traducirse como “Luz Infinita” o “Resplandor sin medida”— es una de las figuras más veneradas del budismo Mahāyāna. En los sutras se lo describe como un Buda que hizo votos inconmensurables para salvar a todos los seres, en especial a aquellos que confían en él y pronuncian su nombre con fe. Su tierra de despertar se conoce como Sukhāvatī, la Tierra de la Felicidad o Tierra Pura del Oeste, un lugar libre de sufrimiento donde los practicantes pueden renacer y continuar allí su camino hacia la iluminación.

      La recitación de su nombre, conocida como nembutsu en japonés o nianfo en chino, constituye la práctica central: «Namu Amida Butsu» (“Me refugio en Amida Buda”). Esta sencilla fórmula contiene la esencia de la fe y la entrega a la compasión de Amitābha.

      El budismo de la Tierra Pura se consolidó en China a partir de los siglos IV y V, pero adquirió un desarrollo especialmente fuerte en Japón. Allí se fundaron distintas ramas, entre ellas la Jōdo-shū de Hōnen y la Jōdo Shinshū de Shinran.

      A diferencia de otras formas de budismo más centradas en la meditación o los estudios doctrinales, la Tierra Pura puso en el centro la confianza en el voto de Amitābha. Según esta visión, la mente humana está tan atrapada por pasiones y confusiones que resulta difícil alcanzar la liberación por las propias fuerzas. Frente a ello, la práctica consiste en apoyarse en la fuerza del Otro —el voto de Amitābha— y recitar su nombre como acto de entrega y gratitud.

      Esto no significa pasividad: la recitación se convierte en un modo de vivir en contacto constante con la compasión infinita, transformando la vida cotidiana en camino de despertar.

      A primera vista, el Soto Zen y la Tierra Pura parecen mundos distintos. El primero pone el acento en la práctica del zazen, la meditación sentada en silencio, sin apoyarse en figuras externas; el segundo insiste en la recitación del nombre de Amitābha y en la devoción. Sin embargo, en la historia del budismo en China y Japón las fronteras nunca fueron tan rígidas.

      En los monasterios chinos de la época de Dōgen Zenji, el fundador del Soto Zen en Japón, era común que los monjes combinaran diversas prácticas: zazen, recitación de sutras, canto del nembutsu y ritos devocionales. De hecho, el nembutsu era parte de la vida monástica y se consideraba compatible con la meditación.

      En el Soto Zen japonés, aunque el énfasis se situó en el zazen como expresión de la naturaleza original, nunca desapareció del todo la presencia de Amitābha y la Tierra Pura. En las ceremonias funerarias, por ejemplo, es frecuente encontrar referencias a Amida y a la aspiración de renacer en su tierra de luz. Además, algunos maestros zen han visto en la Tierra Pura una metáfora del propio despertar aquí y ahora: el lugar donde renacemos no está en un más allá, sino en la experiencia viva del presente cuando la mente se abre a la compasión y la claridad.

      Para comprender mejor este vínculo entre la tradición de la Tierra Pura y el Soto Zen, conviene detenerse en la figura de Kōdō Sawaki (1880–1965), uno de los grandes maestros zen del siglo XX. Sawaki fue monje de la escuela Soto y se le conoce sobre todo por haber revitalizado la práctica del zazen sin adornos, al que llamaba «zazen de todos» o «zazen para la vida cotidiana». Gracias a él, la meditación sentada se extendió más allá de los templos y monasterios, llegando a estudiantes, trabajadores y personas corrientes en el Japón de la posguerra.

      Sawaki nació en una familia humilde, perdió a sus padres muy pronto y fue criado en condiciones difíciles. Desde joven estuvo en contacto con la religiosidad popular japonesa, en la que el nembutsu —la recitación del nombre de Amida— tenía un papel muy importante. Así, antes incluso de entrar en la vida monástica, conoció la devoción a Amida que impregnaba la cultura espiritual de su tiempo.

      Ya en el monasterio, se formó en la tradición de Dōgen, pero también vivió de cerca cómo en muchos templos japoneses el nembutsu y las ceremonias de Tierra Pura seguían siendo parte de la vida cotidiana. Especialmente en los funerales, era normal invocar a Amida Buda y hablar del renacimiento en la Tierra Pura.

      Sawaki, sin embargo, fue crítico con lo que consideraba una visión demasiado literal o pasiva de esta práctica. Señalaba que muchas personas recitaban «Namu Amida Butsu» como si fuera un billete automático hacia el paraíso, sin transformar de verdad su vida ni su mente. Frente a esto, defendía que el verdadero acto de fe es sentarse en zazen, dejar caer el ego y entregarse por completo al momento presente.

      No obstante, Sawaki no despreciaba la tradición de la Tierra Pura, sino que la reinterpretaba: para él, la Tierra Pura no era un lugar lejano después de la muerte, sino la realidad de la existencia cuando nos sentamos en silencio y vivimos desde la confianza en lo infinito. El nembutsu y zazen, en última instancia, apuntaban a la misma experiencia: la liberación del yo en la luz sin medida del despertar.

      De este modo, Sawaki tendió un puente entre ambas tradiciones: respetó la devoción popular, pero devolvió la práctica a su núcleo más vivo, mostrando que el paraíso de Amida se manifiesta aquí y ahora, en la vida concreta de cada persona.

      Desde la perspectiva del Soto Zen, Amitābha puede entenderse en dos planos.

      Por un lado, como figura devocional, heredada de la tradición Mahāyāna, que despierta confianza y entrega en la práctica.

      Por otro, como símbolo profundo de la naturaleza de Buda que ilumina a todos los seres. En este sentido, la Tierra Pura no es únicamente un lugar hacia donde se viaja tras la muerte, sino también el campo de la conciencia despierta en el que podemos vivir en cada instante.

      La devoción al Buda Amitābha y la práctica de zazen pueden parecer caminos distintos, pero comparten la misma raíz: la liberación del sufrimiento a través de la apertura a una dimensión más vasta que el yo. El nembutsu, repetido con sinceridad, disuelve la autoimportancia y conecta con la confianza en lo infinito. El zazen, sentado en silencio, revela directamente la misma infinitud en la mente-cuerpo presente.

      Ambas vías, lejos de excluirse, se han nutrido mutuamente en la historia. En el Soto Zen contemporáneo, muchas sanghas siguen honrando a Amitābha en sus rituales, recordando que la luz infinita del despertar no pertenece a un solo camino, sino que atraviesa todos los senderos del Dharma.

      El Buda Amitābha y la tradición de la Tierra Pura representan una de las formas más accesibles y extendidas de práctica budista, basada en la confianza y la devoción. El Soto Zen, con su insistencia en la práctica directa del zazen, no ha estado ajeno a esta influencia. Ambos enfoques, aparentemente diferentes, apuntan a la misma verdad: la posibilidad de despertar a la luz infinita que siempre nos sostiene.

      Om namo amitabaya
      Buddhaya, dharmaya, sanghaya

      Om namo amitabaya
      Buddhaya, dharmaya, sanghaya

      Om namo, om namo, om namo amitabaya

    • #13244 Responder
      Abel Clemente Riera
      Participante

      Gracias, Daizan. Desconocía esta escuela de la Tierra Pura y la recitación de este mantra, y me ha resultado muy revelador. Como músico, me siento profundamente identificado con el plano que abre el canto, entendido como un contacto que va más allá de lo mental, un contacto directo con la naturaleza original. En mi experiencia, es el mismo lugar de reencuentro al que accedo cuando me siento en zazen. Por eso este post me resulta especialmente nutritivo, porque reafirma mis prácticas y les da mayor coherencia y unidad. Al final, desde caminos aparentemente distintos, se reconoce una misma práctica.

      • #13257 Responder
        Daizan Soriano
        Superadministrador

        Muchas gracias, Abel. Desde hace unos meses hemos incorporado este mantra a nuestra práctica diaria, después de zazen de la noche, y la experiencia está siendo muy potente. No lo recitamos exactamente igual que en el vídeo, pero es la versión más cercana que he encontrado en la red.

        Como sabes, también tengo karma de músico, y algo de ello intenté expresar en la tesina que realicé en su día. Te dejo el enlace por si no la conoces y te apetece echarle un vistazo:
        https://www.caminomedio.org/books/budismo-y-vibracion/

        El texto tiene ya sus años. Hace poco intenté actualizarlo, pero de momento no he encontrado el tiempo necesario, así que sigue siendo un proyecto pendiente.

        Saludos.

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